Senadora Guadalupe Murguía: Presidencialismo autoritario

Recientemente el Congreso de Tabasco aprobó la iniciativa del gobernador morenista Adán Augusto López, que reforma el Código Penal local para sancionar con 13 años de prisión a quienes impidan la construcción de obras públicas o privadas en la entidad, incrementándose la pena hasta 20 años cuando se soliciten dádivas, cuotas o un empleo.

De inmediato numerosas voces se alzaron en contra de la reforma al Código Penal para alertar sobre el retroceso que implica criminalizar la protesta social, medida que fue calificada por los medios de comunicación como “Ley Garrote”.

El Presidente López Obrador y la dirigente nacional de Morena, Yeidckol Polevnsky, se manifestaron a favor de la reforma señalando que lo que se busca evitar es la extorsión y sabotaje en la construcción de obras prioritarias como la refinería de Dos Bocas.

El 8 de julio el Congreso de Baja California aprobó en medio de fuertes acusaciones de corrupción, una reforma constitucional, por la que amplía el periodo del gobernador electo, de dos a cinco años. La reforma ha sido avalada por la presidenta de Morena y el Presidente no se ha pronunciado, a pesar de que usualmente opina sobre todos los eventos del acontecer nacional.

Tal parece que en ambos casos se trata de un experimento para medir la reacción social y la factibilidad constitucional de estas reformas, a fin de que en el futuro puedan significar un precedente favorable a AMLO y a su partido en su aspiración de perpetuarse en el poder. Resulta inverosímil sostener que las reformas no hayan contado con el beneplácito del Presidente.

AMLO no miente cuando afirma ante Notario Público que no se va a reelegir; bastaría con que el congreso federal por iniciativa “propia”, busque ampliar su mandato.

Desde el inicio de su gobierno el Presidente ha comentado su desconfianza por los órganos autónomos previstos en la Constitución, a los que considera un estorbo, fuente de corrupción y sumamente costosos para un gobierno austero, pasando por alto que han sido conquistas ciudadanas impulsadas desde la oposición, para realizar funciones de Estado, frente a los excesos de un sistema presidencialista omnipotente.

Su estilo personal ha reiterado el desprecio por las instituciones, el desdén por las cifras reales y las opiniones de los expertos; no le gustan los contrapesos de poder, ni que los medios de comunicación y las organizaciones civiles lo contradigan y critiquen sus acciones de gobierno.

Circula en redes sociales un mensaje que pregunta: ¿qué hubiera dicho Andrés, el luchador social, el activista político, el hombre que por años ha recorrido cada rincón de este país, ante el clima de inseguridad y violencia que el gobierno no ha logrado contener? ¿Qué movimiento hubiera encabezado ante un gobernador que soborna a un congreso local para extender su mandato y viola la Constitución? ¿Cómo hubiera levantado la voz ante un gobierno autoritario, impositivo y represor que limita la libertad de expresión y de manifestación?

Desafortunadamente esto nunca lo vamos a saber, porque ese hombre ya no existe, concluye.

Facebook: Lupita Murguía

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Publicado por El Diario de Querétaro, 7 de Agosto de 2019

 

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