Senador Mario Vázquez Robles, en contra del dictamen que expide la Ley para el Fomento de la Inversión en Infraestructura Estratégica para el Desarrollo con Bienestar

 

 

Intervención del senador Mario Vázquez Robles, para hablar en contra del dictamen de las comisiones unidas de Hacienda y Crédito Público, y de Estudios Legislativos Primera, que expide la Ley para el Fomento de la Inversión en Infraestructura Estratégica para el Desarrollo con Bienestar, y que reforma la Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria.

 

 

 

 

 

 

 

Ciudad de México, a 07 de abril de 2026

Versión de la intervención del senador Mario Vázquez Robles, para hablar en contra del dictamen de las comisiones unidas de Hacienda y Crédito Público, y de Estudios Legislativos Primera, que expide la Ley para el Fomento de la Inversión en Infraestructura Estratégica para el Desarrollo con Bienestar, y que reforma la Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria

Con su permiso, presidenta.

Compañeras y compañeros senadores.

Desde esta tribuna, lo digo con claridad: nuestro voto va en contra de esta Ley de Fomento a la Inversión en Infraestructura Estratégica porque…, no estamos en contra de la inversión, no estamos en contra de la infraestructura, sino porque esta ley repite exactamente los errores que han llevado a México a tener obras costosas, opacas y mal planeadas.

México no parte de cero. Venimos de años donde proyectos emblemáticos se construyeron sin controles suficientes, con sobrecostos millonarios y con decisiones tomadas desde la cúpula del poder, de un poder sin contrapesos.

Y frente a esa experiencia, lo responsable es corregir, pero esta ley no corrige, profundiza esos errores.

Primero. Permite iniciar proyectos sin suficiencia presupuestal. Eso significa comprometer recursos que no existen, significa hipotecar el futuro. Y sí, así comenzaron muchas de las obras que hoy conocemos: Tren maya, Dos Bocas, obras sin planeación, financieramente sin planeación y con costos que, al final de cuentas, se dispararon afectando la hacienda pública mexicana.

Cuando no hay disciplina desde el inicio, el resultado siempre será el mismo: lo termina pagando la gente.

Segundo. Se blindan los proyectos estratégicos frente a recortes presupuestales, es decir, aunque el país enfrente dificultades económicas, aunque caigan los ingresos, estos proyectos no se ajustan y eso ya lo vimos: proyectos intocables, aunque no funcionen, aunque cuesten más, aunque no sean prioridad, aunque no sean prioridad nacional. Eso no es planeación, eso es absolutamente falta de control sobre las obras públicas en el país.

Tercero. Se centraliza otra vez en este tema la toma de decisiones. El Consejo que aprueba los proyectos está integrado exclusivamente por funcionarios del gobierno federal, sin la participación de los estados, sin municipios tampoco, y lo digo como presidente de la Comisión de Desarrollo Municipal: no se puede hablar de desarrollo nacional ignorando a los estados y a los municipios. Las obras se construyen en territorio, pero acá se escriben y se diseñan desde el escritorio.

Eso no es coordinación, eso es llanamente centralismo.

Cuarto. Se amplían las excepciones para licitación pública. Eso abre la puerta a adjudicaciones directas bajo criterios amplios y, hay que decirlo con claridad, las obras más cuestionadas en México han tenido algo en común: falta de competencia y exceso de discrecionalidad del poder.

Cuando no hay transparencia, no hay eficiencia. Y cuando no hay eficiencia, quien pierde es el país.

Quinto. Se flexibiliza el gasto y se pone en riesgo la estabilidad fiscal.

Hoy la realidad es contundente: México destina más recursos al pago de la deuda que a la inversión en infraestructura.

Ése es el verdadero problema y esta ley, en lugar de corregirlo, lo agrava.

Compañeras y compañeros, legislar exige memoria, exige responsabilidad y la lección es clara: cuando no hay controles, cuando no hay transparencia, cuando el poder concentra, entonces las obras dejan de ser soluciones y se convierten en un problema para el país.

Por eso lo decimos ahora con firmeza: sí a la inversión, sí a la infraestructura, pero con reglas claras, con transparencia, con federalismo, no discrecionalmente, como hoy lo plantean, no con centralismo, no con riesgos para las finanzas públicas.

Por eso, nuestro voto es absolutamente en contra.

Muchas gracias, presidenta.

 

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