Intervención del senador Agustín Dorantes Lámbarri, al presentar el posicionamiento del GPPAN, respecto al dictamen de las comisiones unidas de Radio, Televisión y Cinematografía, de Cultura y de Estudios Legislativos Primera, que expide la Ley Federal de Cine y el Audiovisual, y que abroga la Ley Federal de Cinematografía.
Ciudad de México, a 15 de abril de 2026
Versión de la intervención del senador Agustín Dorantes Lámbarri, al presentar el posicionamiento del GPPAN, respecto al dictamen de las comisiones unidas de Radio, Televisión y Cinematografía, de Cultura y de Estudios Legislativos Primera, que expide la Ley Federal de Cine y el Audiovisual, y que abroga la Ley Federal de Cinematografía
Con su venia.
El cine une generaciones: del abuelo que vio a Pedro Infante en la pantalla grande, al nieto que hoy busca en su celular una historia que le hable de México.
Recordamos con mucho orgullo aquella época de oro, cuando nuestro cine no pedía permiso para ser grande: María Félix, Jorge Negrete, “Cantinflas” y Dolores del Río llevaban el alma de México a todos los rincones del planeta.
Películas que entretenían, que enseñaban valores, que mostraban nuestro campo, nuestras ciudades, nuestro humor y nuestro coraje. Ese cine fue escuela de vida para millones de familias mexicanas. Nos hizo sentir muy orgullosos de ser quienes somos.
Hace unos meses, en San Juan del Río se me acercó un joven con su libro que convirtió en guión para hacer una película: “La rebelión de las aves”. Me pidió apoyo porque no tenía recursos ni facilidades para grabarla. Le ayudé con algunas gestiones para que el rodaje fuera posible.
Fue una experiencia llena de alegría, ver y compartir con jóvenes que trabajaban con pasión, con retos, sin recursos, pero con mucho talento y ganas de contar sus historias. Ahí, en carne propia, entendí lo que significa apoyar a la nueva generación.
Esta ley, si bien reconoce que el acceso al cine es un derecho cultural de todas las personas, queda insuficiente.
No resuelve problemas estructurales de la industria cinematográfica mexicana. Regula plataformas, pero lo hace de manera insuficiente. No se toma ni la molestia de hablar sobre el uso de la inteligencia artificial en un mundo donde ya no se puede negar todo el alcance que ha tenido y el que tendrá. Y lo peor de todo es la falta de apoyo presupuestal.
Pretende lograr un avance legislativo sin incluir presupuesto, es como tener una película sin guión, sin producción, sin cámaras y sin director.
La mala costumbre que se tiene de legislar a las prisas, sobre las rodillas, sin sentido y sin razón llegó a la pantalla grande.
Y quiero compartirles un temor fundado. Dicen que la burra no era arisca, que la hicieron y que la hicieron a través de palos: palo en los libros de texto llenos de ideología; palo en la censura a los medios de comunicación que no son afines al régimen; palo para atacar a periodistas; palo con su línea editorial ideológica del Canal 11. Y otro palo con el apoyo a todos los pseudo “influencers” que buscan guiar una conversación a favor del régimen.
Esta ley parece que puede ser otra intentona más de apoyar solamente a promoventes del régimen, como Epigmenio Ibarra, que se ha encargado de ideologizar producciones cinematográficas y televisivas con recursos de todos los mexicanos, para imponer una sola visión del país, su visión, una visión sesgada.
Hacemos un exhorto para que el uso de los recursos públicos del Estado mexicano realmente apoye al cine, sea para promover la identidad de todas y de todos, de nuestra cultura; que se apoye a los jóvenes con el objetivo de tener una industria a la altura de la época del cine de oro mexicano.
Aquí no logran esconder su verdadero interés. Su prioridad no es la modernización o el avance del cine mexicano. Lo que quieren es tener a sus fieles amigos liderando espacios en los que puedan seguir penetrando con su ideología en el país.
En Acción Nacional no votamos en contra porque sería desconocer lo valioso del proyecto, y vaya que lo tiene. Pero tampoco votamos a favor porque sería avalar sus amplias deficiencias. Creemos que México merece una ley de cine que no sólo sea bien intencionada, sino jurídicamente sólida, económicamente viable y plenamente transparente.
A lo que debemos aspirar es a que los talentos jóvenes, como este chavo de San Juan del Río, puedan contar con sus mecanismos de apoyo, financiamiento claro, suficiente y sostenido.
No podemos pedir a nuestros creadores que hagan magia con migajas. El talento mexicano existe y está de sobra Lo que falta es un apoyo decidido por parte del Estado para producir, exhibir y llevar nuestras historias a todo el mundo.
Gracias, presidenta.
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