- La reforma empujada por el oficialismo no garantiza descanso; queda incompleta
En Acción Nacional se votó a favor de la reducción de la jornada laboral a 40 horas semanales porque cree en un modelo de trabajo más humano, que mejore la salud mental, fortalezca la convivencia familiar y modernice la productividad del país, precisó el senador por Chihuahua Mario Vázquez.
“Las y los senadores del PAN respaldamos la disminución de 48 a 40 horas porque México no puede seguir siendo de los países que más trabajan y menos producen. La reforma es necesaria y va en la dirección correcta. Pero no puede quedarse a medias”, señaló el legislador.
En este sentido precisó que el oficialismo habló durante meses de una semana laboral 5×2 —cinco días de trabajo por dos de descanso—; sin embargo, el dictamen mantiene seis días laborales por uno de descanso obligatorio. El segundo día real no quedó garantizado, expuso.
Mario Vázquez indicó que el partido blanquiazul propuso que por cada cinco días trabajados se otorguen dos días de descanso obligatorios, para que la reducción no sea sólo en el papel, sino en la vida cotidiana de las familias.
Si bien la reducción de 48 a 40 horas representa un avance, el diseño impulsado por el oficialismo deja riesgos que deben corregirse. La aplicación progresiva carece de reglas claras, se amplía el margen de horas extras pagadas al doble —lo que puede incentivar jornadas más cargadas— y no se garantiza que la carga laboral no se concentre en menos tiempo.
El legislador expuso que en lugar de asegurar descanso real, la reforma podría traducirse en mayor presión, más estrés y metas más exigentes para los trabajadores. Además, no contempla mecanismos sólidos de inspección laboral ni un acompañamiento integral para micro, pequeñas y medianas empresas.
En tribuna, Mario Vázquez recordó que México es uno de los países que más horas trabaja al año dentro de la OCDE —más de 2,100 horas— y no figura entre los más productivos. El problema estructural no es sólo la duración de la jornada, sino la organización del modelo productivo. Reducir horas en el papel no debe convertirse en más carga en la práctica, expuso el legislador.
En relación a lo anterior enumeró los pendientes del oficialismo con la clase trabajadora:
- Sistema de salud con desabasto de medicamentos en IMSS, ISSSTE e IMSS-Bienestar.
- Desaparición de estancias infantiles para madres trabajadoras.
- Alta informalidad laboral que deja a millones sin derechos plenos.
- Incertidumbre en pensiones futuras.
- Reforma constitucional para garantizar salario mínimo de 19 mil pesos a trabajadores del Estado que no ha tenido plena aplicación.
- Promesas de vivienda que aún no se traducen en certeza para las familias.
- A favor de la modernización laboral, pero sin simulación
El panista reiteró que en Acción Nacional la reducción de la jornada laboral es correcta, necesaria y moderna. Por ello votó a favor. Pero también dejó asentado que la reforma debe perfeccionarse para garantizar descanso real, evitar abusos en horas extraordinarias y fortalecer la productividad con innovación y eficiencia.
“La ciudadanía no quiere propaganda. Quiere calidad de vida real. Modernicemos el trabajo, sí. Pero sin ambigüedad, sin simulación y sin cargar el costo a las familias trabajadoras.”
“El PAN seguirá impulsando ajustes para que las 40 horas no sean una promesa descafeinada, sino un verdadero avance para millones el oficialismo”, concluyó Mario Vázquez.
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Intervención del senador Mario Vázquez Robles, para hablar a favor del dictamen de las comisiones unidas de Puntos Constitucionales, de Trabajo y Previsión Social, y de Estudios Legislativos, que reforma el artículo 123, Apartado A de la Constitución, en materia de reducción de la jornada laboral.
Ciudad de México, a 11 de febrero de 2026
Versión de la intervención del senador Mario Vázquez Robles, para hablar a favor del dictamen de las comisiones unidas de Puntos Constitucionales, de Trabajo y Previsión Social, y de Estudios Legislativos, que reforma el artículo 123, Apartado A de la Constitución, en materia de reducción de la jornada laboral
Con permiso, presidenta.
Compañeras y compañeros senadores.
La reforma laboral que hoy se discute en este Senado destroza las expectativas de millones de trabajadoras y trabajadores de México. Se les prometió una transformación profunda, lo que se entrega es una versión incompleta, ambigua y, en algunos aspectos, regresiva en puntos claves.
Eso es deslealtad hacia México. El régimen ha tomado como costumbre que, por un lado, vaya la propaganda y, por otro lado, la realidad. Durante meses se habló de la semana 5 por 2, 5 días de trabajo, 2 de descanso.
Eso fue la promesa, pero en el dictamen no está el 5 por 2. Mantiene la regla de seis días de trabajo por uno de descanso. El segundo día de descanso real no está garantizado.
Nosotros sí apoyamos la reducción de la jornada laboral. La apoyamos por razones de salud mental, de convivencia familiar, de productividad moderna. Sabemos que el mundo cambió. La automatización, la digitalización y el trabajo remoto exigen revisar el modelo laboral.
La productividad, hoy lo sabemos, no depende sólo del número de horas, sino de la eficiencia, la innovación y la organización.
Pero el corazón de la reforma, reducir de 48 horas a 40 horas semanales, viene acompañado de distorsiones. Primero, su aplicación es progresiva, sin claridad suficiente. Segundo, se incrementan las horas extras pagadas al doble, de 9 a 12, limitando el supuesto de pago al triple. ¿Qué significa esto en la práctica?: que podemos terminar con jornadas ordinarias más cortas en el papel, pero con más horas extraordinarias en los hechos.
El riesgo es evidente: sobrecarga, hacer en 40 horas lo que antes se hacía en 48, más presión, más metas, más estrés y menos descanso real.
Pensemos en quien se levanta a las 4:30 de la mañana, recorre largas distancias en una movilidad precaria y regresa entrada la noche. No es lo mismo vivir este ritmo seis días a la semana que cinco. No es lo mismo tener un día para recuperarse que contar con dos reales para convivir con la familia, con los hijos, cuidar a los padres, reconstruir la unidad o la vida familiar.
En efecto, México es de los países que más horas trabaja al año, más de 2 mil 100. Pero no somos de los más productivos, ahí está el problema estructural a atender. Trabajamos más, pero producimos menos.
La solución no es simular una reducción, sino transformar el modelo. Y la pregunta obligada es: ¿en verdad le interesa al régimen, le interesan los trabajadores? Porque el sistema de seguridad social actual está abandonado; faltan medicamentos en el Seguro Social, en el ISSSTE, en el IMSS-Solidaridad; desaparecieron las guarderías para madres trabajadoras; no hay certeza en pensiones futuras; más de la mitad del empleo en México es informal; millones no tendrán un retiro digno; se reformó el artículo 123 constitucional hace ya meses, año y medio prácticamente, para establecer un salario mínimo equivalente a 19 mil pesos para trabajadores del Estado, como maestros, policías y personal médico. Fue aprobado por unanimidad y, a año y medio, no ha cobrado vigencia. ¿Dónde está el cumplimiento?
Se prometieron miles, millones, perdón, millones de viviendas al trabajador. El trabajador mexicano sigue sin techo digno asegurado.
Compañeras y compañeros, reducir la jornada laboral es correcto, es necesario, es moderno, pero debe garantizar el segundo día real de descanso. Debe evitar abusos en horas extraordinarias y debe acompañarse de una política productiva seria, porque la ciudadanía no quiere propaganda, quiere calidad de vida real.
Modernicemos el trabajo, sí, pero sin simulación, sin ambigüedad y sin cargar el costo a las familias trabajadoras.
Es cuanto, presidenta.
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