Senadora Xóchitl Gálvez Ruiz, en la discusión de un dictamen en materia de trabajadores del campo

Intervención de la senadora Xóchitl Gálvez Ruiz, al participar en la discusión de un dictamen de las comisiones unidas de Trabajo y Previsión Social, y de Estudios Legislativos Segunda, por el que se reforma el párrafo cuarto del artículo 90 de la Ley Federal de Trabajo.

 

 

Versión de la intervención de la intervención de la senadora Xóchitl Gálvez Ruiz, al participar en la discusión de un dictamen de las comisiones unidas de Trabajo y Previsión Social, y de Estudios Legislativos Segunda, por el que se reforma el párrafo cuarto del artículo 90 de la Ley Federal de Trabajo

Muchas gracias, Presidente.

Cerca de dos millones 300 mil trabajadores del campo, las y los jornaleros agrícolas participan en la siembra y cosecha de casi todos los alimentos que consumimos y provienen del campo, hacen posible que en los mercados podamos tener y comprar aguacate, cebolla, jitomate, limón, naranja, mango, fresa, piña, manzana, melón, café, azúcar; en fin, nueve de cada 10 son hombres y uno es niña, niño o mujer.

Un poco más de un millón son originarios de pueblos indígenas, náhuatl, mixteco, maya, zapoteco, tzotzil, tarahumara, totonaco, mazateco, tzeltal, tlapaneco, huasteco, tepehuano, mayo, chinanteco y otomí.

Huyendo de la pobreza y falta de oportunidades, migran de sus estados natales, como Chiapas, Guerrero, Guanajuato, Hidalgo, Oaxaca, Puebla y Veracruz, o de las partes serranas de Sinaloa y Chihuahua.

Gracias a su trabajo operan las agroindustrias de Baja California, Guanajuato, Jalisco, San Luis Potosí, Sinaloa y Sonora, entre otros.

Sin embargo, reciben salarios miserables, el 43 % de los jornaleros gana menos de 123 pesos; esto es, menos de un salario mínimo. Trabajan entre siete y 10 horas por seis días laborales y la tercera parte de las mujeres trabaja sin recibir algún tipo de pago. Cuatro de cada 10 hombres se encuentran en la misma situación.

Estos salarios son fijados por los patrones, sean éstos grandes y medianos empresarios, o por los enganchadores o capataces que los reclutan; son salarios sin garantía legal y sin derechos; de estos pagos miserables dependen unos 8.2 millones de mexicanos; como consecuencia, un 70 % vive en pobreza y el 20 % en pobreza extrema, ya que cada seis de 10 no pueden cubrir la canasta básica.

Debido a lo anterior, nueve de cada 10 jornaleros agrícolas no pueden acceder a los servicios de salud, como atención a los riesgos de trabajo, enfermedades y maternidad, invalidez y vida, retiro, cesantía de edad avanzada y vejez, guardería y prestaciones.

Me encanta que en este Senado pidamos que en el salario mínimo su incremento sea al menos la inflación, pero ¿qué creen? Ni los gobiernos que le llaman neoliberales del pasado ni el actual han sido capaces de fijar el salario mínimo para los jornaleros agrícolas.

Así es que lo que pido en este Senado es que se cumpla la ley, la Ley de Salarios Mínimos, y se fije de una vez por todas un salario de al menos 300 pesos, para que los jornaleros agrícolas de este país puedan vivir de manera, al menos, cubrir su canasta básica.

Justo es también que valoremos el trabajo de muchos obreros, pero también valoremos el trabajo de estas personas, cada vez que consumimos algunos de sus productos agrícolas que cortaron con sus manos y cortaron en sus espaldas.

Por eso hago un llamado en este día que estamos reformando esta ley, para que la Comisión Nacional de Salarios Mínimos establezca ya el salario mínimo para los jornaleros agrícolas y no siga siendo omiso.

Muchas gracias.

ooOoo

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