Senador Gustavo Madero Muñoz para referirse al análisis del Segundo Informe de Gobierno, en materia de política económica

Intervención del senador Gustavo Madero Muñoz para referirse al análisis del Segundo Informe de Gobierno, en materia de política económica.

 

 

 

Hay una terca realidad que se dedica a contradecir, con otros datos, al presidente Andrés Manuel López Obrador.

Imbatible, esa realidad derrota diariamente a sus mañaneras y se impone sobre sus frases jocosas, que suenan cada vez más huecas, más insensibles, más alejadas del sufrimiento y de la desesperación de la gente.

Desde el inicio de su campaña electoral, el presidente aseguraba que iba a tener grandes excedentes de recursos por su gobierno austero, porque no lo sangraría la corrupción y que iba a disponer de 500 mil millones de pesos adicionales por esta vía.

Así ganó la presidencia, así entró al palacio, pero nunca se encontró el cajón de los 500 mil millones de pesos adicionales que esperaba. Más bien, tuvo un déficit de 190 mil millones de pesos en su primer año de gobierno.

Por eso, teniendo el mayor presupuesto de la historia, de cualquier presidente de México, 6 billones 300 mil millones de pesos, tuvo que realizar recortes en casi todos los rubros, tuvo que gastar los fondos del Fondo de Estabilización de los Ingresos Presupuestales, primero, y después recortar múltiples programas para microempresarios, madres trabajadoras, víctimas de la violencia, productores agropecuarios, fondos para ciencia y tecnología.

Se tuvo que poner a esculcar todos los cajones del palacio para encontrar que de los fideicomisos también podía echar mano y disponer de esos recursos, hasta que le dijeron que ya se quedó sin guardaditos y que pronto tendría que buscar una nueva reforma fiscal.

Ha sido tan hábil para ostentarse como un gobierno que combate la corrupción, cuando es el único presidente de la República cuyos familiares, amigos y colaboradores más cercanos han sido los únicos grabados directamente recibiendo dinero.

Su gobierno sí gana en el terreno de las percepciones, pero es derrotado en el campo de los hechos.

Ganó la presidencia prometiendo triplicar el mediocre crecimiento del periodo neoliberal, llevarlo a un crecimiento anual del 6 por ciento, y ahora todos tendremos un sexenio perdido en términos del PIB per cápita y tardaremos hasta el año 2024 para recuperar ese nivel del PIB per cápita del 2018.

Y no, no es culpa del Covid. La pandemia sólo los encueró y exhibió sus carentes capacidades para administrar al país; ya veníamos mal desde antes de la pandemia, la caída en la confianza, en la inversión y en el empleo iniciaron desde el inicio de su administración.

¿Quién puede sostener ahora que estamos mejor que antes de que empezaran con sus ocurrencias? ¿Las 30 mil personas que entran en situación de pobreza cada día, los 12 millones nuevos pobres que habrá al finalizar este año? ¿Cuándo pensaron, cuándo se les ocurrió pensar que suspender un aeropuerto y tirar a la basura 140 mil millones de pesos no iba a tener costos, costos financieros, costos de oportunidad, costo país, pérdida de confianza?, brillantes ocurrencias esgrimiendo corrupción sin entambar a nadie.

A los estados y a los municipios los asfixian con una Ley de Ingresos y un Presupuesto de Egresos centralista y leonino. Llevado a sus extremos insostenibles su disfuncional e inequitativo federalismo fiscal.

Por eso, urge un nuevo pacto fiscal porque ya es insostenible el actual, y porque lo han exacerbado al extremo con su presidencial melomanía.

Hoy tenemos la menor inversión pública en infraestructura en décadas, la menor en 20 años y con la menor rentabilidad social y económica.

La política energética ha sido un desastre y absorbe el 50 por ciento del total del gasto público, de la inversión pública.

Insiste en agarrarse de las más mínimas variables para tratar de dibujar un cuadro de optimismo y así no presume logros de terceros, como el aumento del precio del petróleo, la llegada de las remesas, que más bien son una demostración de la falta de oportunidades y empleos en nuestro querido país.

El Covid golpeó a todos los países del mundo, pero los gobiernos populistas, como el suyo, son los que mayores contagios y muertos han aportado.

Los podemos identificar muy fácilmente por su resistencia a reconocer la gravedad de la pandemia en su inicio, al uso del cubrebocas, hasta que la realidad les tapó la boca.

Los más preocupante es la destrucción profunda y verdadera de la estructura productiva y social. AMLO anhela una recuperación en v labiodental, sin embargo, tendremos una recuperación en forma de k, en donde la desigualdad se exacerbará de manera criminal. Los ricos, los exportadores, los concesionarios de su Gobierno acrecentarán su riqueza, mientras que mexicanas y mexicanos, millones, no les alcanzarán sus ingresos para adquirir la canasta básica.

Uno de los logros de su Gobierno, sí, ha sido dividirnos a los mexicanos. Unos mexicanos que aún le creen, que creen que vamos bien o que vamos a mejorar con esas ocurrencias disfrazadas de políticas públicas. Y las y los mexicanos que estamos muy preocupados porque pensamos y sabemos que vamos mal (inaudible). Termino, presidente.

La realidad está derrotando a la pretendida transformación de las estampitas. La realidad está haciendo naufragar al Movimiento de Regeneración Nacional y por eso el próximo año los ciudadanos emancipados derrotarán a su partido Morena.

En el peor momento un Gobierno de mentiras y con los peores resultados.

Es cuanto, Presidente.

ooOoo

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