Senadora Gloria Elizabeth Núñez Sánchez durante el homenaje al pintor Francisco Toledo

Intervención en tribuna de la senadora Gloria Elizabeth Núñez Sánchez durante el homenaje al pintor Francisco Toledo.

 

 

Versión de la intervención en tribuna de la senadora Gloria Elizabeth Núñez Sánchez durante el homenaje al pintor Francisco Toledo

Con Su permiso, presidenta.

El maestro Francisco Toledo representa la personificación del arte con sentido social, del arte con orgullo que representan nuestras raíces más profundas, del arte libre que levanta la voz para exigir justicia y defender los derechos de la nación pluricultural mexicana.

Su obra fue como él, irreverente, provocativa y tranmsgresora. Así era Toledo cuando encabezaba la lucha por preservar el patrimonio cultural, los recursos naturales, el maíz nativo, en un país que, decía, se está destruyendo.

Una de sus más ondas preocupaciones fue la sustentabilidad de los pueblos indígenas y del patrimonio cultural de Oaxaca.

Desde el centro cultural que fundó en Juchitán en 1972 apoyó a escritores zapotecas, quienes en su lengua materna publicaron sus obras con el apoyo del maestro.

A los jóvenes les nseñó el poder de la palabra escrita, esa que se plasma y que se graba. La pluma de Toledo, la pluma de Toledo múltiples veces dio cátedra del poder de la congruencia frente a los gobiernos insensibles y de cómo con tamales oaxaqueños se podía derrotar a los miles de dólares de las empresas trasnacionales.

Toledo fue un nombre sin límite en su entrega y generosidad con los jóvenes, a quienes transmitió el compromiso con la creación artística y se aseguró de que su legado siguiera aún sin él, por lo que entregó la donación al Instituto Nacional de Bellas Artes, el acervo del Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca con miles de obras.

Fue un digno ciudadano, convencido demócrata de Juchitán, su activismo lo llevó a ser perseguido durante la durante la represión del 2006 y en 2016 condenó los actos de provocación del Gobierno federal y expresó: “una reforma educativa debe ser el pretexto para la discusión de ideas, no aún un pretexto para reprimir y acabar con los opositores”.

Toledo nunca tuvo miedo a expresar sus ideas y su acompañamiento a las causas más justas y nobles. Cuando defendía los derechos humanos lo hacía con creatividad, con ingenio y con mucha sencillez, así lo hizo cuando protesto y exigió la devolución con vida de los 43 estudiantes desaparecidos en Ayotzinapa.

Usó el papel, el lápiz y el viento para hacer volar a los papalotes que protestaban en silencio.

El maestro ha partido, pero nos quedamos con sus huellas por las calles de Oaxaca, con sus ideas leídas y con sus ideas escritas, con sus causas y sus protestas, con los dibujos que salen de su mano y pintan la naturaleza a su alrededor, con su legado de mosaicos, de textiles, fotografías, grabados y esculturas que heredean a su pueblo y que las nuevas generaciones, a quienes seguramente evocarán para continuar con la obra artística con sentido social.

Francisco Toledo descanse en paz.

Gracias.

ooOoo

 

 

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