Intervención en tribuna del senador Julen Rementería Del Puerto para referirse al Día de la Expropiación Petrolera

 

Intervención en tribuna del senador Julen Rementería Del Puerto para referirse al Día de la Expropiación Petrolera.

 

19 de marzo de 2019

Versión de la intervención en tribuna del senador Julen Rementería Del Puerto para referirse al Día de la Expropiación Petrolera

Con su permiso, presidente.

Senadores y senadoras.

Como ya se ha dicho aquí en repetidas ocasiones, lo que nos trae aquí hoy a cada uno de los que hemos pasado en este tema es para poder hablar de un hecho que marcó la historia de México, hace 81 años, el 18 de marzo, y donde debemos recordarlo como un hecho que sí cambió la economía en nuestro país, ayudó en el desarrollo en algún momento de la vida moderna de nuestro país.

Pero también debemos de impulsar para que ese hecho sucedido hace 81 años, y cuando pasen otros 81 más, se puede recordar ahora, en este año, el 2019, como un año en el que se impulsó, siguió esta idea de fortalecer la industria petrolera.

Da la impresión que en el Gobierno actual lo que hay es una absurda y ciega oposición a la reforma energética, pareciera que están empeñados en descalificarla y echar para atrás lo que pudiera ser bueno de ella, y generalizan.

Y miren, quiero citar un caso que lo ejemplifica de una manera puntual. La secretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval, dijo en su cuenta de Twitter: “me da mucho gusto que el presidente López Obrador haya decretado la abolición de la esclavitud del modelo neoliberal”, refiriéndose específicamente a la reforma energética, como si esto fuera algo que hubiera tenido que suceder para que podamos ya consumar realmente la reforma; celebrar ahora sí con bombo y platillo los 81 años.

Me parece algo terrible porque muestra, en el fondo, lo que se está pensando.

Y miren, yo tengo aquí, porque quería hacer la cita, la Constitución en el artículo 27 -que todo mundo invoca cuando hablamos de este tipo de los bienes de la nación y lo que hay en el subsuelo- fíjese lo que dice al inicio: “corresponde originariamente a la nación, la cual ha tenido y tiene el derecho de transmitir el dominio de ellas a los particulares, constituyendo la propiedad privada”, se refiere a todos los bienes de la nación

Y en el párrafo tercero dice: “la nación tendrá en todo tiempo el derecho -y entre otras cosas dice- de hacer una distribución equitativa de la riqueza pública, cuidar su conservación, lograr el desarrollo equilibrado del país y el mejoramiento de las condiciones de vida de la población rural y urbana”.

De eso se trata, ése es el propósito del 27 constitucional, de hacer que los bienes de la nación produzcan algo justo y bueno para nosotros, para los mexicanos, para todos sin distingo.

Y lo que se está proponiendo en estos tiempos es, parece, una regresión, el ir hacia atrás, mirar hacia aquello que se añora, como si hubiera sido algo bueno, cuando vemos que a la experiencia no lo hizo así.

Fíjense lo que dijo el Presidente ayer en Tula: “fue como un milagro, porque ya cuando estaba a punto de consumar la destrucción de la industria petrolera y de acabar con la economía nacional tocó la campana, sonó la alarma el primera de julio del año pasado”, como diciendo “gracias a que llegamos todo aquello se va y ahora viene lo bueno”, como si nada hubiera servido, como si no se reconociera internacionalmente lo que se ha avanzado en materia energética, como si no existiera la posibilidad de tener recursos alternativos para la generación de energía.

No solamente me refiero a la parte petrolera, sino a todo lo que involucra en la materia energética. Aquí se deja de lado todo eso, se hace una regresión mental a lo que en México vimos con toda claridad que no funcionó.

Cuidado, eh, porque lo que hoy estamos celebrando, o lo que algunos están celebrando en esos términos, quizá en unas décadas tendremos que estarlo lamentando. Cuidado con lo que estamos haciendo aquí.

Y para muestra un botón: Dos Bocas, una licitación, licitación a modo a cuatro empresas, que ya vimos que además son corruptas, pero además ¿saben por qué es así?, porque no hay proyecto, porque no hay manifiesto de impacto ambiental, porque no se sabe cuántas áreas, cuántas palmeras cuántos cientos de hectáreas se van a deforestar, ¿quién ha dicho algo de eso?

Si no estamos peleados contra que se haya podido decidir invertir en el sector, pero hagámoslo bien, por dios. Lo que están haciendo es realmente un ecocidio en ese lugar. Cuidado con lo que se hace en la materia petrolera.

Y luego la parte económica del sector: ahí están las calificadoras, degradando las calificaciones crediticias, comprometiendo no sólo la deuda de Pemex, sino la deuda soberana de este país; ya la tiene en perspectiva negativa y parece que así va a continuar.

¿Y por qué?, por las malas decisiones. Dicen: “hay que ser autosuficientes a cualquier costo”, pues señores dense cuenta, abran los ojos, vean al mundo, las cosas hoy no suceden así, y a los países les va bien, ¿por qué empeñarnos en fórmulas que no han dado resultados, que no pueden surtir buenos resultados para México traerlas? “Ah, porque el petróleo es de los mexicanos”.

Y qué le ha servido a los mexicanos que ahora sea así o que nos hace suponer que será diferente solamente porque alguien lo piense y lo manifieste de esa forma.

Tengamos cuidado con cómo se fija la política económica dentro del sector y cuál es la perspectiva que debe seguir.

A México no le alcanza para invertir todo lo que se puede hacer en materia energética y no solamente de hidrocarburos, sino en el resto de todo lo que significa este amplio sector, para podernos desarrollar a la velocidad que quiere el presidente o aún mayor, incluso más allá de ese cuatro por ciento que tanto pregona; pero se requiere de ayuda y, principalmente, como se decía aquí, de las empresas nacionales y en donde no se pueda sí, que vengan de manera subsidiaria aquellos que puedan ser capitales de otras latitudes.

Y que hagamos de México una referencia mundial en el tema energético a partir de decisiones bien tomadas, sensatas, con claridad de ideas, que propongan verdaderamente el crecimiento de nuestro país.

Y entonces sí, dentro de 50 o de 100 años, el 18 de marzo de aquel día podamos estar en condiciones de celebrar la del 38 y, por supuesto, celebrar las decisiones de ahora, del 19, y que no las vayamos a lamentar.

Muchas gracias, presidente.

–ooOoo–

 

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