Intervención de la senadora Kenia López Rabadán, al referirse al 50 aniversario del Movimiento Estudiantil de 1968

 

Intervención de la senadora Kenia López Rabadán, al referirse al 50 aniversario del Movimiento Estudiantil de 1968

Con la venia de la Presidencia.

Compañeras y compañeros senadores.

Están matando a los jóvenes, desde una persona que trabajaba en la calle de Abraham González, esa persona es el papá de nuestra compañera Lupita Murguía, y hoy lo sigue recordando y ella apenas tenía 11 años.

El día de hoy corresponde a esta soberanía recordar los lamentables hechos ocurridos hace 50 años en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco, donde perdieron la vida mexicanas y mexicanos, en su mayoría estudiantes, quienes protestaban de forma pacífica ante las injusticias de un gobierno autoritario, sordo y, sobre todo, incapaz de entender su papel en la transformación social que entonces se gestaba.

El movimiento estudiantil de 1968 exigía al gobierno justicia, exigía libertad para presos políticos y, en general, exigía que el autoritarismo gubernamental menguara y acaso desapareciera. Nada más razonable, nada más sensato que una exigencia de esa naturaleza que, además, se hacía de manera pacífica.

Acción Nacional siempre apostó por una solución basada en el diálogo con el gobierno de aquel momento; ese diálogo que es el instrumento natural de la política y condición necesaria para la construcción de un sistema democrático. Sin embargo, el gobierno cerró toda posibilidad, no sólo a la crítica, sino al diálogo mismo; impuso su visión, por encima de toda lógica política.

El tiempo se encargó de demostrar que ese régimen, sordo e indolente por la soberbia que provoca el ejercicio del poder absoluto, sin controles y sin contrapesos, estaba terriblemente equivocado y llevaría a nuestra sociedad a uno de los episodios más oscuros y reprochables de su historia moderna.

El movimiento que desde junio, julio, agosto y septiembre de 1968 se vivía con alegría y en paz, exigía libertades civiles y políticas, y en vez de ser atendido mediante el diálogo y la política, fue criminalizado por el gobierno y reprimido por la fuerza pública.

Dos días después de los terribles hechos acaecidos en la Plaza de las Tres Culturas, Acción Nacional sí se pronunció en contra de la represión, lo que no hicieron otros partidos políticos. Los jefes nacionales de la época Adolfo Christlieb Ibarrola e Ignacio Limón Maurer, lo condenaron con firmeza. Y es que en el ejercicio de las libertades democráticas o en la lucha por defender el derecho al disenso, la pérdida de una sola vida es inaceptable. Pero la pérdida de esa misma vida, aunque sea una sola, debe convertirse en vergüenza nacional cuando es producto de entender el ejercicio de gobierno como la facultad de imponer, por encima de todo, una sola visión política; debe convertirse en vergüenza nacional cuando esa vida se pierde por el avasallamiento que provoca la arbitrariedad y el autoritarismo de quien pretende ser poseedor de la verdad.

El movimiento estudiantil de 1968 fue, en buena medida, parteaguas del avance democrático de nuestro país. Algunas voces críticas de aquel momento no sucumbieron ante la estridencia del aparato oficial de comunicación; se utilizaron no sólo las plazas públicas, sino los cafés, los pasillos de oficinas y las charlas entre amigos o familiares, para señalar reiteradamente los errores, los excesos y las inconsistencias de un régimen que permanecía inerte, atento a la voz de un solo hombre, de cuya visión dependía el destino del país.

La sociedad luchó incesantemente, perseverante, desde la empresa, desde partidos políticos como Acción Nacional u otros desde la izquierda, por supuesto, también desde la academia, desde los sindicatos, incluso desde las incipientes organizaciones civiles, por derrotar a ese régimen.

En Acción Nacional estamos convencidos de ese cambio y  seremos defensores de los beneficios que ha traído la democracia y la pluralidad, esa que ha sido una verdadera transformación, por ello aquí defenderemos el respeto a los derechos humanos, la participación democrática, la libertad de expresión, el derecho a la información y a la transparencia del actuar público, el fortalecimiento del federalismo y el respeto a la autonomía judicial, entre otros muchos avances que hoy se ven amenazados.

En esta Legislatura impulsaremos políticas a favor de los jóvenes, los involucraremos en el diseño y en la evaluación de éstas y buscaremos cerrar la brecha que parece existir entre gobernantes y la juventud.

El movimiento estudiantil –compañeras y compañeros– de 1968 propició la evolución de nuestra democracia. México no debe volver al pasado.

Acción Nacional defenderá con firmeza y con absoluta convicción las victorias democráticas alcanzadas. Nunca más un régimen sordo, que se pretenda implacable en su visión hegemónica de la vida pública.  Nunca más un gobierno invadido por la ceguera que implica la contemplación de sí mismo o de su líder.  México ya conoce las consecuencias de esos vicios.  El 2 de octubre no se olvida y no debe, nunca más, volver a repetirse.

Muchas gracias.

 

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