Versión de la intervención en tribuna de la senadora Martha Cecilia Márquez Alvarado para referirse a la agenda legislativa del PAN

El pasado primero de julio la ciudadanía expresó un deseo mayoritario de cambio, Andrés Manuel López Obrador será el próximo Presidente de México.

Porque somos demócratas, reconocimos que la elección no había sido favorable para nuestro partido.

Nuestra democracia, aun con todas sus imperfecciones y contrahechuras, ofreció a la ciudadanía el canal cívico y pacífico para generar no solo una alternancia, sino la posibilidad de un nuevo modelo político y económico que responda a las expectativas, no satisfechas hasta ahora, en la sociedad mexicana.

Coincide este momento político con el cincuentenario del 68; año legendario en el que amplios segmentos de la sociedad mexicana luchaban desde diversas trincheras por la libertad y la democracia frente a un régimen autoritario que justificaba sus atropellos y crímenes en un supuesto apoyo de las “mayorías”, sustentado por la maquinaria del partido del Estado, presidida por un Presidente imperial.

En la cúspide de aquella pirámide, el Ejecutivo, con las facultades constitucionales y meta constitucionales, descritas en el célebre estudio de Jorge Carpizo, como jefe de Estado, jefe de Gobierno y Jefe de Partido; ejercía un poder despótico que lo mismo masacró estudiantes en Tlatelolco, como aplastó con bayonetas la insurgencia cívica en Baja California.

Aquella nefanda hegemonía fue derrocada por el pueblo de México, mediante un paciente y permanente esfuerzo de resistencia democrática y del ejercicio de la oposición cívica y pacífica.

A 50 años de aquellos amargos recuerdos, hoy somos testigos de que la democracia le ha dado la oportunidad a todas las corrientes de pensamiento de acceder pacíficamente al poder. La alternancia es el fruto de esas luchas, en la que todos tenemos héroes porque a través de varias generaciones, todos  la hemos construido.

Nuestra democracia permite que el gobierno de hoy mañana sea oposición, y que la oposición mañana sea gobierno. No hay hegemonía democrática; las hegemonías solo se anidan en los cenáculos totalitarios.

En democracia, aún con la existencia de una mayoría amplia, lo que se practica es el debate, el diálogo, la negociación para construir el bien superior de la República.

Adolfo Christlieb Ibarrola, líder del PAN, enfrentó aquél régimen hegemónico con estas palabras:  “En una democracia, la oposición representa un derecho, el derecho de oposición, que aunque no sea reconocido ni respetado, deriva su fundamento no de una tolerancia gubernamental, sino de la libertad misma del hombre que actúa en una sociedad heterogénea (…)”.

“La oposición no es posterior al poder; es contemporánea y coexiste con el mismo. El poder y la oposición, afirma Burdeau, nacen juntos como el objeto y la sombra, son dos caras de una misma realidad y sus destinos están ligados (…). Aunque la oposición no pueda sino opinar y vigilar, obliga a quienes actúan por cuenta del gobierno a limitar sus propósitos de dominación (…)”.

Por eso volvemos a decir: tan legítimo es el partido que obtuvo la mayoría como el que no la consiguió. Ambos somos expresión de los ciudadanos. Unos y otros debemos trabajar por el bien de México, por eso, Acción Nacional sostiene: si le va bien a México, le irá bien a Andrés Manuel López Obrador y el PAN trabajará por el bien de México.

Acción Nacional ha sido un partido que siempre se ha caracterizado por ser una oposición responsable. En ese sentido, acompañará todas las acciones que busquen el bienestar y la seguridad de las y los mexicanos. De manera firme y con ánimo constructivo, apoyará todo aquello que sea en beneficio de México. Asimismo, defenderá los intereses ciudadanos en todo aquello que pudiera atentar contra el interés general y el bien común. Con este ánimo presentamos nuestra agenda legislativa.

Continuaremos con nuestro compromiso del combate frontal a la corrupción, porque estamos convencidos que la corrupción es un mal que corroe las entrañas del sistema político mexicano y que debe ser extirpado de raíz. La corrupción fue la característica del Gobierno de Peña Nieto: la “Casa Blanca”, el Paso Express de Cuernavaca, la Estafa Maestra, por citar algunos casos, son ejemplos claros de la corrupción peñista. Por eso, debemos fortalecer las instituciones creadas con ese propósito y completar las reformas legales necesarias para darle viabilidad al Sistema Nacional Anticorrupción.

Por ello propondremos aumentar las capacidades y atribuciones institucionales de la Auditoría Superior de la Federación; eliminar la prescripción de los delitos como enriquecimiento ilícito, peculado, lavado de dinero y operaciones con recursos de procedencia ilícita; impulsar una comisión ciudadana para la investigación de actos de corrupción; eliminar el fuero constitucional para todas y todos los servidores públicos del país, y promover  una Ley General de Adquisiciones y Obras Públicas, alineada al Sistema Nacional Anticorrupción.

La estrategia de Seguridad pública y justicia fracasó. En el transcurso de este sexenio, se han cometido más de 90 mil homicidios. La incidencia de delitos graves como el narcotráfico, el huachicoleo, la trata de personas, entre otros va en aumento.

En ese sentido, propondremos reformar el marco legal que da vida a la Fiscalía General de la República, y aprobar la Ley Orgánica de la Fiscalía, para garantizar su independencia, autonomía y apartidismo.

Propondremos rediseñar el Sistema Nacional de Seguridad Pública, a través de una nueva instancia de seguridad ciudadana y relanzar el mando mixto policial a partir del principio de subsidiariedad, así como mejorar los mecanismos de colaboración y coordinación de los cuerpos policiales de los tres órdenes de gobierno.

De acuerdo con cifras del Coneval, en 2016 había 53.4 millones de pobres en México. La estrategia del gobierno actual para combatir la pobreza e impulsar el crecimiento económico, también fracasó.

Las senadoras y senadores del PAN en materia de desarrollo económico, bienestar social y combate a la desigualdad propondremos establecer un salario mínimo digno, decente y suficiente; asegurar la igualdad salarial entre mujeres y hombres por trabajos iguales; diseñar un nuevo marco fiscal y hacendario que fomente la competitividad.

La seguridad social también es una prioridad para los senadores de Acción Nacional, en ese sentido propondremos una integración de las instituciones de salud que elimine la actual fragmentación de la atención a la salud.

Los grupos vulnerables también son nuestra prioridad. Impulsaremos la revisión de la legislación para fortalecer los derechos históricos de las comunidades indígenas.

Es así que también propondremos en cuanto al fortalecimiento de México en el mundo, ampliar las facultades del Senado de la República, en la conducción y evaluación de la política exterior.

Esta es nuestra agenda legislativa.

Senadoras y senadores: somos parte de un todo, el todo mexicano al que nos debemos por encima de nuestras diferencias.

Es cuanto.

 

 

 

ooOoo

 

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