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Senador Héctor Larios Córdova: ¿Puede un empresario promover el voto a favor o en contra de alguien?

Una elección es un proceso que nos compete a todos, pero la partidocracia y algunas autoridades tratan de hacer parecer que es un proceso exclusivo de partidos, candidatos y autoridades. Al resto de los ciudadanos sólo le quedaría votar y, en algunos casos, participar como funcionarios de casilla.

Sin embargo, el resultado de la elección nos incide a todos. ¿Cuál será el rumbo que tome el país? sin duda, tiene que ver con el resultado electoral, y a usted y a mí nos importa, por lo que tenemos todo el derecho de participar en fomentar el resultado que nosotros consideremos el mejor o en su caso el menos malo.

Sólo existen dos prohibiciones que, además, están tipificadas como delito electoral: comprar espacios en radio o televisión y coaccionar el voto (líder sindical que amenaza a sus agremiados o patrón que condiciona la permanencia en el trabajo si no se vota en un sentido determinado). Al final del día, el voto es secreto.

Muchos candidatos y partidos coaccionan el voto comprando credenciales o cambiando el voto por dádivas o por programas sociales públicos. Lo admiten incluso como una práctica normal, pero levantarán la voz y solicitarán sanciones si un empresario hace públicas sus consideraciones electorales, si se atreve a señalar las consecuencias de las propuestas de algún candidato.

Claro que todos tenemos derecho a participar activamente, a trabajar por el mejor resultado que consideremos, como lo hicieron hace unos días Eloy Vallina Lagüera, José Ramón Elizondo (Vasconia) y Héctor Hernández Pons (Herdez), entre otros.

En la misma semana, el titular de la Fepade declara a propósito de grupo Coppel: “Fepade exige a empresas no incidir en voto”, cuando la única prohibición es la coacción. Intentar incidir es no sólo totalmente lícito, sino responsable.

Recuerdo hace algunos años, en un municipio turístico, se postuló un candidato muy popular enemigo declarado de la actividad. Había promovido en el pasado invasión de terrenos de hoteleros, bloqueos y varias afectaciones que hicieron que se redujera el número de empleos en el sector. Ante ello, con absoluta responsabilidad y en defensa de su legítimo interés, los directivos de estas empresas hablaron con sus empleados advirtiendo las consecuencias negativas para la actividad y todos sus participantes si ganaba ese candidato. Al final, todos juntos, lograron de forma democrática incidir en el resultado.

Otro ejemplo de la activa participación de los no políticos es la de los editorialistas de todas las líneas, exponiendo con claridad sus puntos de vista y sus valoraciones personales de cada candidato. Esto es, sin duda, un ejercicio democrático.

Cómo será el México del futuro, lo decidirá la mayoría, no sólo con el voto sino con su participación activa buscando el mejor resultado que cada uno considere. Pero, que quede claro: La elección es de todos.