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Senador Francisco Búrquez, al presentar iniciativa que expide Ley de Libre Comercio e Inversión Extranjera

8 de marzo de 2018

Versión de la intervención del senador Francisco Búrquez Valenzuela, al presentar una iniciativa que expide la Ley de Libre Comercio e Inversión Extranjera y que abroga la Ley de Comercio Exterior, publicada en el Diario Oficial de la Federación el 27 de julio de 1993, la Ley de Inversión Extranjera, publicada en el Diario Oficial de la Federación el 27 de diciembre de 1993, y la Ley de los Impuestos Generales de Exportación e Importación, publicada en el Diario Oficial de la Federación el 18 de junio de 2007

 

Gracias, Presidente.

Muy buenas tardes.

Ley de Comercio e Inversión Extranjera. El proteccionismo es robarle a los pobres para darle a los ricos. Los aranceles les roban el futuro y las oportunidades a las familias y a los emprendedores para darle un mercado cautivo a oligopolios vinculados con el poder, organizados para negociar beneficios para su sector, para sus empresas con cargo a las familias. ¡Qué tragedia!

Nuestros emprendedores y nuestros consumidores están secuestrados, son explotados por una política comercial que depende de los caprichos de la clase política. Los políticos les quitan a las familias el derecho de decidir que consumir, les limitan y encarecen los productos que pueden consumir o utilizar para producir.

Ejemplos hay muchísimos, desde la papa que en las fronteras –porque si se puede importar— cuesta 14 pesos, y en el resto del país nuestras familias lo tienen que pagar a 27 pesos el kilo. Y ejemplos de carne congelada, de lácteos, de muchos otros como el vestido, en donde verdaderamente los consumidores tienen que pagar sobre pecios tremendamente altos.

Así sólo ganan los amigos del gobierno, pseudo empresarios que triunfan, no por su capacidad de ofrecer un buen producto o servicio a sus consumidores, sino por su capacidad para pactar y negociar y presionar al gobierno.

Esa es la triste realidad de la política comercial de nuestro país, un comercio administrado por políticos, pero que ironías de la vida, hoy un político, de un país vecino está poniendo en jaque a la economía en nuestro comercio, un comercio que está colgado con alfileres. El Presidente de Estados Unidos nos tiene contra la pared; desde hace más de un año nos amenaza constantemente.

Antier pasó lo mismo, con salirse del tratado y cerrar las puertas de nuestro principal y casi único socio comercial. Esto es una cachetada para que despertemos y nos demos cuenta que el mundo es demasiado grande y que el comercio no lo hacen los gobiernos si no las personas.

Debemos recordar que quien debe demandar en el comercio es el consumidor. El consumidor es quien debe ser el juez y el protagonista del comercio, no el gobierno. El consumidor no está presente en las negociaciones del tratado comercial con Norteamérica, están presentes los grupos de interés en el cuarto de junto, pero los consumidores no están presentes, cuando están presentes cuando es el centro del comercio, es el centro de la estrategia comercial que estamos planteando con esta iniciativa.

La historia nos ha demostrado que podemos convertirnos en la gran plataforma exportadora mundial y alcanzar un valor de hasta el 200 por ciento del PIB en 10 años de actividad comercial. De este tamaño es la oportunidad económica que tenemos, las oportunidades que no hemos aprovechado son muchas; seguimos pensando que lo que fue bueno hace 30 años, como lo es este tratado comercial, comparado con lo que ocurría entonces y que si es un gran beneficio y lo hemos probado seguirá siendo pues el único camino.

Nos seguimos tropezando con la misma piedra. No podemos seguir creyendo en las ideas proteccionistas que se siguen imponiendo alrededor del mundo, ideas que por cierto son del Siglo XV, ideas que atrapan al consumidor en una economía en donde hay pocas opciones para escoger, donde los productos son de baja calidad  y precios altos gracias a los aranceles; escoger de uno no es escoger.

Una economía que en donde no existe suficiente competencia, en donde el consumidor no tiene poder, es una economía mediocre, como la mexicana, que por décadas ha crecido y sexenio tras sexenio al 1 por ciento per cápita anual –qué tragedia— y seguimos con las familias en la pobreza.

Pero no solo estos beneficios me mueven para presentar esta iniciativa, lo que más me mueve de impulsar esta propuesta es que cuando se defiende el libre comercio  también se defiende la libertad de las personas, cada persona debe de ser libre para actuar y para relacionarse con otros.

Dicho esto, un libre comercio se basa en nuestro derecho a intercambiar bienes y servicios con cualquier persona libre y voluntariamente sin importar el origen de estos bienes y servicios.

Esta iniciativa es muy simple, sustituye con ocho artículos a tres leyes y a más de 100 artículos. Acabemos con los errores del pasado, esos errores que nos trajeron a estar amenazados con el tratado comercial, hoy en disputa. Acabemos con el mito de negociar reciprocidad; exportamos a Estados Unidos porque a ellos les conviene, porque el comercio conviene al progreso de los pueblos no porque les vamos a cerrar nuestro mercado, cuando la verdad a ellos no les importa.

Acabemos con el mito de los tratados comerciales, tenemos 45 tratados comerciales y el beneficio es marginal, seguimos preponderantemente comerciando con Norteamérica, que no es malo, pero tenemos que ampliar  el comercio con el resto del mundo.

Abandonemos la ceguera que nos ha dejado considerar al resto del mundo, como China, como India, como la Unión Europea, y nuestros hermanos latinoamericanos para comerciar y  enriquecer la vida de nuestros pueblos.

Atrevámonos a hacer una nueva historia, en donde México sea el paraíso del comercio y  la inversión internacional por el bien de nuestras familias.

¡Sí hay vida después del tratado!

Muchas gracias.

 

ooOoo