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Senadora Laura Angélica Rojas: Creer en México

Hoy termina el llamado periodo de precampaña que es la etapa destinada para que los partidos políticos definan a los candidatos que postularán a los casi tres mil quinientos cargos de elección entre ayuntamientos, congresos locales, gobernadores, congreso federal y Presidente de la República. Sin embargo, la atención se ha centrado en las actividades de los precandidatos únicos de las tres coaliciones de partidos que se han conformado: Ricardo Anaya, Andrés Manuel López Obrador y José Antonio Meade, así como en el proceso de obtención de firmas de quienes aspiran a estar en la boleta por la vía independiente.

Si bien esta etapa está pensada para que los aspirantes realicen el trabajo al interior de sus partidos que les permita obtener la nominación, también ha servido para que empiecen a hablar sobre sus propuestas. De entre los tres principales candidatos, López Obrador destaca por su demagogia y populismo, por hablar de lugares comunes como terminar con la pobreza y la corrupción sin proponer soluciones concretas y viables, e incluso por acciones desinformadas como la presentación de sus ternas para las fiscalías General, Anticorrupción y de Delitos Electorales cuando de acuerdo con una reforma aprobada recientemente, ya no será el Presidente de la República quien las proponga, sino el Senado de la República, esto, a efecto de garantizar la autonomía e independencia de estos órganos clave en el combate a la corrupción. En el colmo de la ocurrencia, dijo que para fortalecer la economía todo lo que se consume en el país será producido en México, cuando en el contexto del mundo globalizado en el que vivimos no hay un solo país que sea capaz de ello ni que lo procure. Esa idea sólo ha sido promovida por regímenes autárquicos que han llevado a la ruina a sus pueblos.

En cuanto al candidato del PRI, José Antonio Meade, si bien ha hecho propuestas concretas, incluso retomando algunas planteadas con anterioridad por partidos de la oposición como el fortalecimiento del Sistema Nacional Anticorrupción, el enorme desprestigio e historia de las siglas que abandera hacen difícil que cualquiera de sus ideas goce de credibilidad por parte de los ciudadanos.

Un rasgo común que hasta ahora han tenido estos dos aspirantes es que su diagnóstico y propuestas parten más de nuestras deficiencias —como la corrupción, la inseguridad, la pobreza y la desigualdad—, más que de nuestras fortalezas. Claramente sería irresponsable no enfocarse en la solución de estos problemas estructurales que como todos sabemos nos impiden avanzar, pero ver sólo las debilidades y no las potencialidades nos llevan a autolimitarnos. Si en cambio también pensamos en propuestas para aprovechar mejor y fortalecer nuestras ventajas, reconocidas por muchos más países de los que creemos, estaríamos un paso adelante.

Si queremos dejar de ser “México el eterno emergente” y ocupar el liderazgo en la región y en el mundo del que somos capaces, tenemos que abrir los ojos y asumir lo que muchos desde fuera ven sobre nosotros: recursos naturales, posición geoestratégica, riqueza cultural, política de apertura comercial, una economía diversificada y abierta, pero, sobre todo, que nuestro mejor capital somos los propios mexicanos con talento, capacidad de trabajo y voluntad de emprender, innovar y crecer.

El único que ha comprendido la importancia de creer en México, de partir de nuestras fortalezas y de apostar por nuestra propia gente como el más grande potencial de transformación de México, es Ricardo Anaya, planteando ideas inteligentes y modernas para afrontar los retos internos y externos que se nos presentan. La campaña que formalmente inicia el próximo 30 de marzo será el espacio para comunicar y explicar a detalle dichas ideas.

Publicado por Excélsior, 11 de Febrero de 2018