Senador Roberto Gil Zuarth: El Diablo

2017.04.12 OPINION ROBERTO GIL EL FINANCIERO

Al mismo tiempo que √Čdgar Veytia se declaraba inocente en una Corte de Nueva York, una veintena de ejidatarios y comuneros se reun√≠an en un peque√Īo pueblo rural al norte de Tepic, Nayarit. Tras algunas t√≠midas intervenciones sobre la necesidad de revisar los problemas del agua, de acceso a financiamiento o la colocaci√≥n de sus productos a los mercados, un hombre de mediana edad irrumpi√≥ con una sentencia lac√≥nica, pero estremecedora, que fue espont√°neamente recibida con miradas de asentimiento generalizado: ‚Äúhoy estamos aqu√≠, podemos hablar, porque ya no tenemos miedo‚Ķ los gringos se llevaron al Diablo‚ÄĚ.

Con El Diablo ‚Äďas√≠ conoc√≠an al fiscal general‚Äď se fue el miedo. Ahora todos hablan, cuentan experiencias personales o ajenas, relatan an√©cdotas que parecen extra√≠das de cuentos surrealistas. Los testimonios son adictivos por espeluznantes. Siempre hab√≠a uno m√°s que superara al anterior. El fiscal fijaba precio y decid√≠a el comprador de las cosechas de sorgo, frijol o tabaco; cobraba extrajudicialmente en su oficina deudas mercantiles o civiles; bajo amenazas obligaba a entregar casas y terrenos con escritura en mano; paseaba en veh√≠culos de lujo que supuestamente incautaba por irregulares; presum√≠a el n√ļmero de muertos en su haber ‚Äďm√°s de 400 le escuch√≥ decir un abogado que fue a litigar la devoluci√≥n de una propiedad.

Su paso por la fiscal√≠a era la historia del √©xito. Tom√≥ las riendas de la Procuradur√≠a como encargado del despacho, despu√©s de la sorpresiva y poco explicada renuncia del anterior titular. Inici√≥ su gesti√≥n con altos √≠ndices de criminalidad, sobre todo en homicidios, robo, secuestro y extorsi√≥n. Pocos meses despu√©s, la realidad hab√≠a cambiado notablemente. Se reform√≥ entonces la constituci√≥n local para convertir la procuradur√≠a en fiscal√≠a general y se le propuso como el nuevo mandam√°s. El dictamen del Congreso que lo ratificaba no escatim√≥ una coma en alabar sus m√©ritos: hab√≠a logrado lo que parec√≠a imposible. Se le nombr√≥ entonces por siete a√Īos, concentr√≥ en los hechos el mando de la polic√≠a estatal, encapuch√≥ a los agentes de polic√≠a y de investigaci√≥n bajo el pretexto de proteger su vida, asumi√≥ el control de las polic√≠as municipales a trav√©s de los convenios de ‚Äúmando √ļnico‚ÄĚ (con excepci√≥n de la capital, gobernada por la oposici√≥n). El fiscal general controlaba el gasto en seguridad, la depuraci√≥n policial y la creaci√≥n de plazas para ministerios p√ļblicos. Recibi√≥ un doctorado honoris causa, premios nacionales y hasta una notar√≠a. Recomendaba candidatos y se encargaba de la movilizaci√≥n electoral. Era, pues, ministerio p√ļblico, representante social, jefe de todas las polic√≠as, encargado de las compras, notario, operador. Para el hombre del momento hab√≠a a√ļn m√°s: permanecer como fiscal por otros nueve a√Īos, con plena autonom√≠a t√©cnica y presupuestal y, sobre todo, con todo ese caudal de poder acumulado.

Ahora sabemos que √Čdgar Veytia construy√≥ un modelo sofisticado de ‚Äúpaz narca‚ÄĚ. Al parecer, pact√≥ con un c√°rtel, particip√≥ directamente en la gesti√≥n del trasiego de drogas hacia Estados Unidos, desplaz√≥ a las bandas rivales con la polic√≠a. Sin confrontaci√≥n entre bandas, en efecto, la violencia tender√≠a a disminuir y, tambi√©n, su derivaci√≥n hacia delitos extractivos de rentas. En el Nayarit de Veytia, el mercado de lo il√≠cito funcionaba bajo un monopolio criminal directamente auspiciado por la autoridad. La aparente eficacia desactiv√≥ los s√≠ntomas del miedo. Se instal√≥ en la sociedad la tolerancia a los m√©todos a cambio de un resultado supuestamente virtuoso. Quienes cuestionaban sus m√©todos, como el alcalde o la regidora de Tepic, que se negaron a firmar el mando √ļnico, eran se√Īalados como c√≥mplices de los criminales o literalmente ‚Äúlevantados‚ÄĚ en las puertas de su casa. El crimen se apoder√≥ de todo y de todos. El silencio se adue√Ī√≥ de la plaza. El Diablo se hab√≠a metido a la rec√°mara.

El caso Veytia debe servir para que el pa√≠s piense las nuevas recetas (autonom√≠a del ministerio p√ļblico, garant√≠as de inmovilidad, concentraci√≥n policial, entre otras) desde la banalidad del mal, bajo la premisa de que el diablo y no los √°ngeles puedan asumir el control de las instituciones, en la sospecha de que la condici√≥n humana no pueda resistir la tentaci√≥n del poder absoluto. Y, sobre todo, M√©xico debe recordar que el regreso de la ‚Äúpaz narca‚ÄĚ no es otra cosa que entregar nuestra libertad a los delincuentes.

* El autor es senador de la Rep√ļblica.

Twitter: @rgilzuarth

Publicado por El Financiero, 12 de abril de 2017

1 Comments to “Senador Roberto Gil Zuarth: El Diablo”

  1. sergio diaz dice:

    Todas las personas afectadas que sabemos que son muchisimas deberian poner una denuncia pero directamente en Estados Unidos porque si lo hacen aqui no va pasar de las manos sucias de la contarloria
    Asesinatos robos de tierras de ganado casas carros extorciones secuestros
    Permisos de servicio publico en fin una infinidad de desonestidades cometidas xeste seudo fiscal

Deja un comentario

Mensaje