Senador Roberto Gil Zuarth: Seguridad interior sin anteojeras

2017.03.14 BANNER ROBERTO GIL FINANCIERO OPINION

Sobre la Ley de Seguridad Interior se han formulado, en esencia, dos cr铆ticas: a) la funci贸n de seguridad interior es un invento para legitimar el actual despliegue de Fuerzas Armadas, y b) de aprobarse, las Fuerzas Armadas terminar谩n por sustituir a las instituciones civiles en la seguridad p煤blica. De ah铆 la propuesta de recurrir a la suspensi贸n de derechos como mecanismo para que la Federaci贸n asuma el control de una crisis de seguridad o, en su caso, auxilie a un orden de gobierno a regenerar sus capacidades de respuesta. Dicho en otras palabras, que las Fuerzas Armadas regresen a sus cuarteles y que, de ser el caso, se active el estado de excepci贸n para que, ahora s铆, puedan hacer lo que no pueden o no quieren las autoridades civiles competentes.

La seguridad interior es una funci贸n constitucional. Tiene casi dos siglos de edad. Ah铆 estaba en la versi贸n de 1917. Permaneci贸 despu茅s de que la seguridad p煤blica se convirti贸 en una responsabilidad concurrente y civil. La Corte la interpret贸 a prop贸sito de la presencia de las Fuerzas Armadas en el Sistema Nacional de Seguridad P煤blica y la defini贸 como un poder presidencial asociado a la cl谩usula de protecci贸n federal sobre las entidades federativas. Cuando se constitucionaliz贸 el concepto de seguridad nacional, como resultado de la doctrina de los riesgos provenientes de agentes no estatales y de fen贸menos distintos al conflicto b茅lico convencional, no desapareci贸, sino que se desdobl贸 en la ley como una dimensi贸n de actuaci贸n asociada a amenazas end贸genas que, por su naturaleza y efectos, exigen grados mayores de coacci贸n estatal. Desde 2012, es el fundamento legal de la intervenci贸n de la Marina Armada frente a ciertos delitos cometidos en los mares de jurisdicci贸n mexicana. As铆 pues, hay datos de que la seguridad interior tiene diversas concreciones normativas, como una esfera v谩lida de potestades estatales. Resulta preocupante, por tanto, que lejos de aportar un sentido interpretativo a su existencia y alcances, sus objetores la borren de un plumazo. Bajo la sospecha del artilugio militarista y de la conspiraci贸n golpista, terminan entendiendo 鈥搚 desconociendo鈥 a modo 鈥搚 a conveniencia鈥 nuestra propia racionalizaci贸n institucional.

La intensa presencia de las Fuerzas Armadas es un problema de incentivos que provoca el vac铆o de ley. Desde que la delincuencia organizada se federaliz贸 y se le clasific贸 como amenaza a la seguridad nacional, los gobiernos locales han encontrado pretextos para escamotear sus deberes. La debilidad cr贸nica del 谩mbito local, junto con la pulverizaci贸n y diversificaci贸n de las bandas criminales, ha alentado a que buena parte de ese hecho delincuencial se trasvase al 谩mbito federal. Sin polic铆as suficientes, la Federaci贸n ha tenido que recurrir a las Fuerzas Armadas como soluci贸n de necesidad. Dado que la intervenci贸n federal es discrecional, es decir, no est谩 sujeta a causales, objetivos y plazos legalmente definidos, hay d茅biles incentivos a que la autoridad civil reasuma su condici贸n de primer responsable. El c铆rculo vicioso se cierra: la fractura del orden local abre m谩rgenes a la delincuencia; en esos m谩rgenes crece la demanda de presencia sustituta; el desplazamiento federal inhibe la generaci贸n de capacidades propias; se agudiza la falla estructural local y as铆 sucesivamente.

驴C贸mo salir de ese c铆rculo vicioso? Suspensi贸n de derechos, nos dicen. La propuesta tiene dos inconvenientes. Por un lado, el derecho internacional de los derechos humanos impide su utilizaci贸n frente a Los Zetas, por ejemplo, porque s贸lo puede adoptarse en caso de guerra, peligro p煤blico o emergencia que comprometa la independencia o seguridad del Estado, que afecte a toda la poblaci贸n y constituya una amenaza a la vida organizada de la sociedad. Por el otro, es la caja de pandora del populismo de la mano dura: limitaciones a los derechos como coartadas de eficacia; el asamble铆smo de las autorizaciones excepcionales como 煤nico camino para dar resultados.

Hay salidas m谩s prudentes: una lectura sin perjuicios ideol贸gicos de la seguridad interior como una modalidad de respuesta estatal, subsidiaria y temporal, cuya virtud es precisamente que ha de coexistir necesariamente con la plena vigencia de todos y cada uno de nuestros derechos.

* El autor es senador de la Rep煤blica.

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